1 nov. 2012

Experiencia y verdad en torno al arte. Apuntes desde la hermenéutica


 Por Edgar J Rufinetti [1] 
“Hasta entonces, como yo no había comprendido, no había visto"
M. Proust

Todavía hoy seguimos cayendo en la tendencia a interpretar las obras artísticas sólo como creaciones y fenómenos de la expresión. De este modo se ponen en juego categorías que presuponen de modo no explícito que el arte no puede ser entendido ya como conocimiento. En este sentido, la obra de arte es considerada como la expresión de una vivencia y la experiencia estética se agota en la reproducción posterior de la vivencia creativa.
Esta actitud de contemplar de manera puramente estética las obras de arte, prescindiendo de su dimensión moral o cognitiva, ha llevado a que el arte adquiera en la modernidad un carácter autónomo. Sin duda esta posición está plenamente legitimada, sin embargo, en concurrencia con la separación de esferas de validez sobre la que se monta, el arte se ve obligado a renunciar a la “pretensión de verdad” de la obra artística. Esto es, se priva de ser un “enunciado” real, de decir algo sobre el mundo entorno y acepta para sí la mera dimensión de la ficción y de la ilusión que le es señalada por la ciencia moderna.
El trasfondo sobre el que opera, la escenografía sobre la que está montada esta “conciencia estética” viene constituida por el concepto de verdad de la ciencia moderna y por el tipo de experiencia requerido por ella. Para esta ciencia el conocimiento fiable se logra únicamente a través de la experimentación metódica; sólo por observaciones metodológicamente controladas, las cuales tienen que ser repetibles a voluntad por sujetos intercambiables, se obtienen enunciados válidos sobre la ‘realidad’. Con esta articulación no se delimita ciertamente sólo el campo global del saber sino que también se fija lo que en adelante ha de ser llamado real y el tipo de experiencias que deben ser tenidas en cuenta: éstas sólo tienen valor por su reproductibilidad y solamente se consideran válidas en cuanto son confirmadas. Así, las ciencias humanas y el arte llegan a conformar o mejor, quedan relegadas a un campo de ‘saber’ que no cumple con las normas metodológicas de la ciencia estricta y por lo tanto no puede adjudicárseles un saber legítimo.